El movimiento de las placas tectónicas es clave para la producción de sismos de diferente magnitud. El desplazamiento y superposición de algunas de estas porciones gigantes de tierra condicionan enormemente a los sectores más cercanos a sus bordes. Aunque los límites que solemos ver son los de la superficie –como los continentales–, debajo hay otras divisiones que pueden tener grandes consecuencias para la población mundial.

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Las placas tectónicas se mueven generando una fricción y acumulando tensión entre las capas subterráneas del planeta. Una vez que la elasticidad de las rocas no puede soportar más esos movimientos, se libera la energía, produciendo grandes terremotos y afectando a ciudades enteras.

Cuáles son las placas tectónicas del mundo

La Tierra tiene placas principales y otras menores. Las mayores son siete placas. La placa Pacífica ocupa gran parte del océano Pacífico; la Norteamericana abarca América del Norte y una parte del Atlántico Norte. La placa Sudamericana comprende América del Sur y partes del Atlántico Sur. La placa Africana incluye África y otras áreas oceánicas cercanas.

La placa Euroasiática comprende gran parte de Europa y Asia, aunque los límites no corresponden exactamente con los de los continentes. La Indoaustraliana abarca principalmente India, Australia y sectores del océano Índico. La Antártica, por último, incluye el continente antártico y una amplia superficie oceánica a su alrededor.

Placa de Nazca: una placa menor, pero poderosa

Algunos modelos geológicos reconocen más de 50 placas en total, contando las menores. Entre ellas, se encuentran la placa de Nazca y la del Caribe, dos de las cuales generan gran parte de los movimientos telúricos de América Latina. Pero la primera es la que afecta directamente a América del Sur.

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La placa de Nazca se encuentra en el océano Pacífico, e inicia a escasos kilómetros de la cordillera de los Andes. Limita, al norte, con la placa de Cocos; al sur, con la placa Antártica; al este, con la Sudamericana y, al oeste, con la placa Pacífica. Una pequeña extensión de ella en el noreste limita con la placa del Caribe y convierte a esa zona en una de las más activas en cuanto a movimientos terrestres.

Se estima que esta placa tectónica se mueve cada año entre 7 y 8 centímetros por debajo de la placa Sudamericana. Se produce así un proceso de choque y hundimiento llamado subducción que genera una acumulación de energía que es capaz de transformar el relieve de esta región.